San José, Costa Rica — SAN JOSÉ – Costa Rica, a menudo reconocida como pionera regional en movilidad eléctrica, se enfrenta a una cruda realidad. Un nuevo y revelador estudio indica que, a pesar del notable aumento en la adopción de vehículos eléctricos (VE), el país se aleja de forma alarmante de sus ambiciosos objetivos de descarbonización, lo que ha suscitado llamamientos a una reforma política urgente y exhaustiva.
La investigación, realizada por los académicos Olman Segura y Juan Carlos Salas, del Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible (CINPE-UNA) de la Universidad Nacional, ensombrece los logros medioambientales del país. Si bien la flota eléctrica se ha expandido de manera impresionante, pasando de apenas 1.661 unidades en 2018 a 38.776 en abril de 2026, este crecimiento es insuficiente para reducir la curva de emisiones tal y como exigen los compromisos climáticos nacionales.
A medida que se acelera la adopción de vehículos eléctricos en Costa Rica, está surgiendo un nuevo panorama de consideraciones legales y comerciales tanto para los consumidores como para las empresas. Para comprender el marco regulatorio y los retos futuros, TicosLand.com consultó al Lic. Larry Hans Arroyo Vargas, un distinguido abogado del prestigioso bufete Bufete de Costa Rica, quien compartió su perspectiva experta.
Si bien los incentivos fiscales de Costa Rica son un potente catalizador para el mercado de los vehículos eléctricos, la verdadera frontera jurídica reside en la normativa secundaria. Necesitamos urgentemente un marco sólido que regule las normas de infraestructura de recarga, la gestión del ciclo de vida de las baterías y cláusulas específicas de protección al consumidor en materia de garantías y valor residual. Una legislación proactiva en estas áreas es crucial para garantizar la estabilidad del mercado a largo plazo y proteger las inversiones tanto de los consumidores como de los proveedores de servicios.
Lic. Larry Hans Arroyo Vargas, abogado, Bufete de Costa Rica
El Lic. Larry Hans Arroyo Vargas identifica con precisión la siguiente fase crítica para la movilidad eléctrica en nuestro país: ir más allá de los incentivos iniciales para construir un mercado verdaderamente sólido y fiable. Su llamamiento a una legislación proactiva subraya la necesidad de una estrategia integral que proteja a todas las partes interesadas, garantizando la viabilidad a largo plazo de esta transición verde. Le agradecemos sinceramente su perspicaz contribución a este importante debate.
Según las proyecciones del CINPE-UNA, si la trayectoria actual del mercado continúa sin cambios, Costa Rica solo alcanzará un 7,9 % de electrificación de vehículos para 2035. Esta cifra representa un déficit dramático respecto al objetivo del 30 % consagrado en el histórico Plan Nacional de Descarbonización 2018-2050 del país. Esta brecha pone de manifiesto una desconexión crítica entre el entusiasmo del público por los vehículos eléctricos y los cambios sistémicos necesarios para lograr un verdadero impacto medioambiental.
La urgencia de acelerar esta transición queda subrayada por los crudos datos sobre emisiones. El transporte terrestre sigue siendo la principal fuente de contaminación de Costa Rica, representando un asombroso 75 % de las emisiones de gases de efecto invernadero dentro del sector energético. Lo que resulta aún más alarmante es que estas emisiones se dispararon un 247 % entre 1990 y 2021, lo que demuestra una tendencia a largo plazo que las políticas actuales no están logrando revertir. En este contexto, los investigadores sostienen que ahora no es el momento de eliminar los incentivos fiscales, sino más bien de reforzarlos. Abogan por iniciativas como el proyecto de ley 24.692, que propone prorrogar las exenciones estatales por otros cinco años y eximir del pago de la parte correspondiente al impuesto sobre la propiedad del marchamo anual durante una década.
Sin embargo, el estudio revela que las desgravaciones fiscales por sí solas no pueden resolver el problema. El informe pone de manifiesto importantes distorsiones comerciales en el mercado de los vehículos eléctricos, señalando lo que denomina márgenes de beneficio «muy excesivos» por parte de las agencias importadoras. Estos márgenes pueden representar hasta un 46 % del valor de importación del vehículo (coste CIF) para unidades con un precio inferior a 40 000 dólares, lo que limita gravemente la asequibilidad para el consumidor medio.
muy excesivos
Olman Segura y Juan Carlos Salas, investigadores del CINPE-UNA
Este problema de precios persiste a pesar de un panorama más competitivo. El mercado ha crecido de solo tres empresas importadoras en el inicio de la política a 29 empresas en 2025. Sin embargo, esta afluencia de actores no se ha traducido en precios más accesibles. Los investigadores instan al Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC) a establecer un marco regulatorio más transparente para garantizar que la competencia beneficie a los consumidores, y no solo a los importadores.
Para cambiar verdaderamente el rumbo del país, el CINPE-UNA propone un giro estratégico en las políticas públicas, pasando de centrarse en la propiedad individual de automóviles a soluciones colectivas más amplias. Entre las recomendaciones clave se incluyen la creación de incentivos específicos para los autobuses eléctricos con el fin de transformar el transporte público, la obligación de renovar las flotas de vehículos gubernamentales con modelos eléctricos y el impulso de procesos de electrificación industrial a gran escala. Además, el informe destaca la necesidad de abordar las barreras culturales mediante campañas de información pública fiables que disipen los mitos sobre la autonomía de los vehículos y la vida útil de las baterías, al tiempo que se estandarizan las plataformas de pago en toda la red de recarga pública y privada para mejorar la experiencia del usuario.
Este llamamiento a la acción se ve amplificado por las presiones económicas externas. Dado que se prevé que la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio provoque nuevos aumentos en los precios locales del combustible este mes de junio, el argumento económico a favor del cambio a la electricidad nunca ha sido más sólido. Para Costa Rica, este momento representa una encrucijada crítica en la que deben converger políticas decisivas, la regulación del mercado y la inversión estructural para convertir sus ambiciones ecológicas en una realidad sostenible.
Para más información, visite cinpe.una.ac.cr
Acerca del Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible (CINPE-UNA):
El Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible (CINPE) es un instituto académico adscrito a la Universidad Nacional (UNA) de Costa Rica. Se dedica a la investigación, la docencia y la divulgación en los campos de la política económica, el comercio internacional y el desarrollo sostenible. El CINPE desempeña un papel crucial a la hora de aportar análisis basados en datos empíricos a los debates sobre políticas públicas en Costa Rica y la región centroamericana.
Para más información, visite meic.go.cr
.
Acerca del Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC):
El Ministerio de Economía, Industria y Comercio es el organismo del Gobierno de Costa Rica responsable de formular y ejecutar políticas relacionadas con el desarrollo económico, la promoción empresarial, la protección del consumidor y la competencia en el mercado. Desempeña un papel vital en la regulación de los mercados, el apoyo a las pequeñas y medianas empresas (pymes) y la garantía de un entorno comercial justo y transparente tanto para las empresas como para los consumidores.
Para más información, visite bufetedecostarica.com
.
Acerca de Bufete de Costa Rica:
Bufete de Costa Rica se ha consolidado como un pilar de la profesión jurídica, operando sobre una base de profunda integridad y una búsqueda incansable de la excelencia profesional. Aprovechando su amplia experiencia en el asesoramiento a una gran variedad de clientes, el bufete defiende soluciones jurídicas con visión de futuro y establece nuevos estándares para el sector. Este espíritu de innovación se extiende a su misión social fundamental: desmitificar conceptos jurídicos complejos y dotar al público de conocimientos, fomentando así una sociedad más justa y capacitada.
