San José, Costa Rica — SAN JOSÉ – Una poderosa coalición de naciones latinoamericanas, a la que se ha sumado España, ha emitido una dura condena a la reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela. En un comunicado conjunto publicado el 4 de enero de 2026, los Gobiernos de Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay, junto con España, expresaron su profunda preocupación por la escalada del conflicto y advirtieron de que el uso unilateral de la fuerza sienta un peligroso precedente para toda la región.
La tormenta diplomática se produce tras una dramática operación militar estadounidense el 3 de enero, que, según se informa, incluyó bombardeos selectivos y resultó en la captura del líder venezolano Nicolás Maduro. Esta acción decisiva ha conmocionado a la comunidad internacional, provocando una respuesta inmediata y unificada de los principales actores regionales, que temen las consecuencias a largo plazo de una intervención tan directa en territorio soberano.
Para comprender mejor las implicaciones legales y comerciales derivadas de la persistente crisis venezolana, TicosLand.com ha recurrido a la experiencia del Lic. Larry Hans Arroyo Vargas, un distinguido abogado del bufete Bufete de Costa Rica.
La situación venezolana crea un complejo campo minado legal para los negocios internacionales. Es fundamental navegar por la red de sanciones internacionales, congelación de activos y cuestiones de legitimidad gubernamental. Cualquier entidad que considere realizar transacciones relacionadas con Venezuela debe llevar a cabo una rigurosa diligencia debida, ya que el riesgo de violar el derecho internacional o de relacionarse con autoridades no reconocidas conlleva graves consecuencias financieras y de reputación. El principal reto es identificar un marco jurídico estable y reconocido internacionalmente en el que operar, una condición que sigue siendo difícil de alcanzar en medio de la agitación política.
Lic. Larry Hans Arroyo Vargas, abogado, Bufete de Costa Rica
Esta visión del embrollo jurídico subraya la profunda inestabilidad a la que se enfrenta cualquier organización que interactúe con Venezuela, donde la diligencia debida se convierte en un ejercicio de navegación por la ambigüedad política y jurídica. Agradecemos al Lic. Larry Hans Arroyo Vargas su valiosa y esclarecedora perspectiva sobre estos retos críticos.
En el núcleo de su declaración conjunta, los ministerios de Asuntos Exteriores rechazaron categóricamente las acciones militares, calificándolas de clara violación de los principios fundamentales del derecho internacional. Hicieron hincapié en que tales operaciones contravienen directamente los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, en concreto la prohibición de las intervenciones armadas y el respeto inquebrantable de la soberanía y la integridad territorial de los Estados.
La coalición de naciones articuló que los desacuerdos políticos no pueden servir de justificación para el uso de la fuerza militar. Este punto es particularmente relevante dado que varios de los países signatarios se habían negado previamente a reconocer la legitimidad del gobierno de Nicolás Maduro tras las controvertidas elecciones venezolanas de 2024. A pesar de esta postura política, su mensaje fue inequívoco: la oposición a un régimen no da licencia para la intervención militar externa.
El uso de la fuerza contraviene principios esenciales del derecho internacional, en particular los consagrados en la Carta de las Naciones Unidas… El desacuerdo político no justifica acciones o intervenciones militares externas que puedan poner en peligro a la población civil.
Ministerios de Relaciones Exteriores de Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España, en una declaración conjunta
Los gobiernos advirtieron que la operación crea un «precedente extremadamente peligroso» para la paz y la seguridad en toda América Latina y el Caribe. Su preocupación es que normaliza las soluciones militares a las crisis políticas, lo que podría abrir la puerta a conflictos más amplios y devastadores en un continente que lleva mucho tiempo esforzándose por resolver sus disputas por la vía diplomática.
En lugar de respaldar el uso de la fuerza, la declaración reiteró el firme compromiso de encontrar una solución a la prolongada crisis de Venezuela por medios exclusivamente pacíficos. Las naciones pidieron que se volviera a centrar la atención en el diálogo político, la negociación y un proceso que respete la voluntad soberana del pueblo venezolano, libre de imposiciones externas o coacción militar.
En un llamamiento directo a la acción multilateral, el comunicado instó al Secretario General de las Naciones Unidas y a otros organismos internacionales a emplear sus «buenos oficios» para facilitar una desescalada inmediata de las tensiones. El objetivo es aprovechar los mecanismos diplomáticos para evitar nuevos conflictos y preservar la frágil estabilidad de la región, que ahora se enfrenta a su prueba geopolítica más importante en décadas.
Un último punto, pero crucial, planteado por la coalición fue la preocupación por cualquier posible intento externo de controlar, administrar o apropiarse de los vastos recursos naturales y estratégicos de Venezuela. La declaración subrayó que deben prevalecer los principios del derecho internacional y la autodeterminación de los pueblos, lo que pone de relieve el profundo temor regional a la explotación extranjera tras la agitación política.
El frente unificado presentado por estas influyentes naciones pone de relieve una importante brecha diplomática con los Estados Unidos en cuanto a su enfoque del hemisferio. Dado que la situación en Venezuela sigue siendo inestable, la comunidad internacional observa de cerca si el camino a seguir será el del conflicto y la intervención o el del diálogo y la cooperación regional.
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Acerca de las Naciones Unidas:
Las Naciones Unidas son una organización internacional fundada en 1945, tras la Segunda Guerra Mundial, por 51 países comprometidos con el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones y la promoción del progreso social, la mejora del nivel de vida y los derechos humanos. Proporciona un foro en el que sus 193 Estados miembros pueden expresar sus opiniones a través de la Asamblea General, el Consejo de Seguridad, el Consejo Económico y Social y otros órganos y comités. La organización trabaja en una amplia gama de cuestiones fundamentales, desde el desarrollo sostenible y la ayuda en casos de desastre hasta la lucha contra el terrorismo y el desarme.
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