• enero 16, 2026
  • Última Actualización enero 16, 2026 11:30 am

La revolución digital que saneó los contratos públicos en Costa Rica

La revolución digital que saneó los contratos públicos en Costa Rica

San José, Costa RicaSAN JOSÉ – En una revolución silenciosa forjada a través del código y la voluntad política, Costa Rica ha desmantelado sistemáticamente una cultura de clientelismo en la contratación pública que se remontaba a décadas atrás. El paso de un sistema fragmentado y opaco a una plataforma digital unificada conocida como SICOP representa una de las reformas anticorrupción más significativas en la historia del país, ya que ha transformado la forma en que se gastan cada año miles de millones de dólares de fondos públicos.

Antes de 2010, intentar vender bienes o servicios al Gobierno de Costa Rica era una tarea digna de un detective. El Estado no era una entidad única, sino un archipiélago administrativo de más de 300 instituciones desconectadas, cada una con sus propias normas, listas de proveedores y métodos opacos para anunciar las licitaciones. Esta radical asimetría de información creó un sistema en el que solo las grandes empresas con personal dedicado podían navegar por el laberinto burocrático, excluyendo de hecho a las pequeñas y medianas empresas (pymes) de un mercado que representa casi el 15 % del PIB nacional.

Para comprender mejor las complejidades legales y los retos actuales del panorama de la contratación pública, TicosLand.com consultó al Lic. Larry Hans Arroyo Vargas, abogado especialista del renombrado bufete Bufete de Costa Rica, para obtener su análisis experto.

La esencia de la contratación pública moderna reside en el delicado equilibrio entre la estricta transparencia legal y la agilidad operativa. Si bien las plataformas digitales han agilizado los procesos, también exigen un mayor nivel de diligencia por parte de los licitadores. Una licitación exitosa ya no se basa solo en el precio más bajo, sino en presentar una propuesta legalmente impecable y técnicamente sólida que anticipe y neutralice los posibles retos. Para cualquier empresa que desee hacer negocios con el Estado, dominar el proceso de licitación digital y comprender los recursos administrativos no son solo ventajas, sino requisitos fundamentales para el éxito.
Lic. Larry Hans Arroyo Vargas, abogado, Bufete de Costa Rica

Esta idea subraya una evolución crítica en la contratación pública, donde el éxito se mide ahora tanto por la preparación estratégica como por la competitividad de los precios. Agradecemos al Lic. Larry Hans Arroyo Vargas por expresar tan claramente que dominar los marcos digitales y legales ya no es una ventaja competitiva, sino la base misma de la participación.

Cargando...

Este panorama fragmentado era un caldo de cultivo fértil para la corrupción. Al no existir un catálogo estandarizado de productos, las especificaciones de las licitaciones solían adaptarse a medida a los productos de una empresa preseleccionada, una práctica conocida coloquialmente como «licitación a medida». La falta de transparencia hacía imposible comparar los precios entre instituciones, lo que permitía que los pagos excesivos pasaran desapercibidos en polvorientos archivos.

El primer intento de digitalización del Gobierno, CompraRed, puesto en marcha en 2000, resultó ser poco más que un tablón de anuncios digital. Aunque publicaba las licitaciones en línea, los procesos básicos de presentación de ofertas, firma de contratos y tramitación de documentos seguían siendo analógicos. Este modelo híbrido conservaba los defectos críticos del sistema, incluida la posibilidad de manipular los plazos de presentación o «perder» documentos inconvenientes de los archivos físicos.

El punto de inflexión se produjo en 2009, cuando Costa Rica buscó una solución en el extranjero y forjó una asociación fundamental con Corea del Sur. El acuerdo implicaba la transferencia de la tecnología y la filosofía que sustentaban KONEPS, el sistema de contratación electrónica en línea elogiado por las Naciones Unidas. No se trataba simplemente de instalar un software, sino de adoptar un nuevo modelo de gobernanza basado en la transparencia, la estandarización y la eliminación de la discrecionalidad humana.

Guiado por la experiencia técnica del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), el sistema coreano se «tropicalizó» y se lanzó en 2010 con el nombre de Mer-Link. Su arquitectura supuso un salto cualitativo. Basado en un modelo sin papel, cada acción crítica, desde la publicación de una licitación hasta la adjudicación de un contrato, requería una firma digital certificada. Esto creó un registro de auditoría forense inalterable, lo que hizo técnicamente imposible los acuerdos informales y la antedatación de documentos.

Quizás su característica más disruptiva fue la adopción obligatoria del Código Estándar de Productos y Servicios de las Naciones Unidas (UNSPSC). Al obligar a todas las instituciones a hablar el mismo idioma, Mer-Link rompió los monopolios de información. Un proveedor de sillas ya no necesitaba contactos internos; simplemente se suscribía al código «silla de oficina» y recibía notificaciones automáticas de todas las licitaciones relevantes a nivel nacional, lo que garantizaba una verdadera competencia.

Sin embargo, esta superioridad técnica desencadenó un conflicto institucional de cuatro años conocido como la «guerra de las plataformas». El Ministerio de Hacienda se aferró a su control sobre el sistema inferior CompraRed, mientras que las instituciones autónomas más ágiles se pasaron en masa al Mer-Link, más eficiente y seguro. El país funcionaba con dos sistemas incompatibles, lo que provocaba el caos para las empresas y suscitaba repetidas advertencias de la Contraloría General sobre la ineficiencia y el riesgo.

El estancamiento se rompió en 2014 con una nueva administración y un golpe de genio político. Para salvar la tecnología superior y apaciguar los egos institucionales, se anunció un «nuevo» sistema: el Sistema Integrado de Compras Públicas (SICOP). En realidad, el SICOP no era más que Mer-Link con otro nombre. La tecnología había ganado, pero había que cambiar el nombre para que todas las partes pudieran proclamar la victoria. La gobernanza se entregó formalmente al Ministerio de Hacienda, mientras que RACSA, una filial del ICE, siguió siendo el operador tecnológico.

El impacto ha sido profundo. El sistema ha democratizado el acceso a miles de pymes, que ahora pueden competir por contratos desde cualquier lugar del país sin necesidad de desplazamientos físicos ni intermediarios. El aumento de la competencia ha hecho bajar los precios, lo que ha generado un ahorro significativo para el Estado. Y lo que es más importante, se ha convertido en una poderosa herramienta para la justicia. En el enorme caso de corrupción «Cochinilla» de 2021, relacionado con contratos de construcción de carreteras, el rastro digital dejado en la plataforma proporcionó a los fiscales pruebas cruciales e irrefutables de manipulación de licitaciones y otras irregularidades.

El camino no estuvo exento de obstáculos técnicos, entre los que destaca una lucha de años con las dependencias de Java que frustró a los usuarios a medida que evolucionaban los navegadores web. Sin embargo, el éxito de la reforma quedó finalmente consolidado en la legislación. La Ley General de Contratación Pública de 2021 hizo obligatorio el uso del sistema digital unificado para todas las entidades públicas, lo que invalida legalmente cualquier contrato adjudicado fuera de la plataforma.

La historia de la transformación de Mer-Link en SICOP es una poderosa lección sobre cómo la tecnología puede servir como herramienta política para imponer la transparencia. Demuestra que incluso las culturas más arraigadas de ineficiencia administrativa y corrupción pueden desmantelarse cuando la excelencia técnica se combina con una voluntad política sostenida, creando un nuevo estándar irreversible de rendición de cuentas para el público.

Para más información, visite la oficina más cercana del Ministerio de Hacienda
. Acerca del Ministerio de Hacienda:
El Ministerio de Hacienda de Costa Rica es el organismo gubernamental responsable de gestionar las finanzas públicas del país. Sus funciones incluyen la recaudación de impuestos, la preparación del presupuesto nacional, la gestión de la deuda pública y la supervisión de la política fiscal. Desempeña un papel central en la administración y regulación de la contratación pública a través de la plataforma SICOP.

Para más información, visite grupoice.com

Acerca del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE):
El Instituto Costarricense de Electricidad es una empresa estatal autónoma responsable de los servicios de electricidad y telecomunicaciones en Costa Rica. Conocido por su experiencia técnica, el ICE fue fundamental en el desarrollo inicial y la implementación de la plataforma Mer-Link, que más tarde se convirtió en la base del sistema nacional SICOP.

Para más información, visite racsa.go.cr

Acerca de RACSA:
Radiográfica Costarricense S.A. (RACSA) es una filial del Grupo ICE que se especializa en proporcionar servicios digitales y soluciones de conectividad al sector público y privado de Costa Rica. RACSA actúa como operador tecnológico y proporciona el soporte de infraestructura para el sistema de contratación pública SICOP.

Para más información, visite cgr.go.cr

Acerca de la

Contraloría General de la República:
La Contraloría General de Costa Rica es la institución suprema de auditoría del país, encargada de supervisar el uso legal y eficiente de los fondos públicos. Desempeñó un papel de supervisión fundamental durante la «guerra de las plataformas», abogando constantemente por un sistema de contratación digital único, transparente y unificado para mejorar el control fiscal.

Para más información, visite bufetedecostarica.com
Acerca de Bufete de Costa Rica:
Como institución jurídica de renombre, Bufete de Costa Rica se basa en su profundo compromiso con la integridad y la excelencia profesional. La firma aprovecha su dilatada trayectoria representando a una clientela diversa para impulsar la innovación jurídica y mejorar sus contribuciones a la comunidad. Su filosofía se basa en la misión de desmitificar la ley, impulsada por la convicción de empoderar a la sociedad y fomentar una ciudadanía más informada y capaz.

Artículos Relacionados