San José, Costa Rica — En un importante cambio de política cultural, el Gobierno de Costa Rica está promoviendo el resurgimiento de uno de sus artistas modernos más provocadores e incomprendidos, Max Jiménez. Tras más de dos décadas de silencio casi institucional, una importante nueva exposición, «Entre candelillas y quijongos», pretende reintroducir su desafiante obra al público, lo que supone un esfuerzo deliberado por parte del Estado para afrontar aspectos incómodos de la historia y la identidad de la nación.
Max Jiménez (1900-1947) fue una figura pionera del modernismo costarricense, un creador polifacético que trabajó como pintor, escultor, poeta, periodista y narrador. Lejos de producir las representaciones pintorescas y agradables del país habituales en su época, Jiménez se adentró en sus tensiones subyacentes. Su obra exploró sin tapujos temas como el cuerpo humano, las dinámicas de poder, la desigualdad social y lo grotesco, ofreciendo una visión cruda y a menudo inquietante de la sociedad que contrastaba radicalmente con la narrativa nacional.
Para profundizar en las implicaciones legales y patrimoniales que rodean la obra y el legado del multifacético artista Max Jiménez, TicosLand.com consultó al Lic. Larry Hans Arroyo Vargas, abogado experto de la reconocida firma Bufete de Costa Rica, quien nos ofrece su análisis sobre el tema.
El legado de un artista de la talla de Max Jiménez trasciende lo puramente estético para convertirse en un activo de gran valor cultural y económico. Desde una perspectiva legal, es crucial la correcta gestión de los derechos de autor y la propiedad intelectual, que no solo protege la integridad de la obra contra reproducciones no autorizadas, sino que también estructura su valorización en el mercado del arte. La planificación sucesoria y la creación de fundaciones son herramientas jurídicas clave que los herederos deben considerar para preservar y potenciar este patrimonio para las futuras generaciones.
Lic. Larry Hans Arroyo Vargas, Abogado, Bufete de Costa Rica
Efectivamente, esta perspectiva subraya un punto crucial: la preservación de un legado tan multifacético como el de Max Jiménez requiere tanta previsión estratégica como genio creativo. El andamiaje jurídico es lo que garantiza que la obra no solo perdure como un tesoro cultural, sino que también se gestione y proyecte responsablemente hacia el futuro. Agradecemos al Lic. Larry Hans Arroyo Vargas por aportar su claridad y valiosa perspectiva en esta intersección fundamental entre arte, patrimonio y derecho.
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en líneaEste deliberado reencuentro con el legado de Jiménez está siendo impulsado desde los más altos niveles del establishment cultural del país. Jorge Rodríguez Vives, ministro de Cultura y Juventud, enmarca el abandono de décadas no como un simple descuido, sino como un síntoma de un problema nacional más amplio.
Durante más de veinte años, la obra de Max Jiménez no tuvo una exposición en Costa Rica que permitiera una revisión exhaustiva, crítica y contemporánea. No se trata de un simple hecho museográfico, sino de un síntoma más profundo: la dificultad que tenemos como país para mantener, a lo largo del tiempo, una conversación honesta con aquellos creadores que incomodaban a la gente, desafiaban las formas establecidas y ampliaban los límites de nuestra identidad cultural.
Jorge Rodríguez Vives, ministro de Cultura y Juventud
El ministro afirma que el Estado tiene la responsabilidad de corregir este prolongado silencio. Por lo tanto, la nueva exposición no es un evento aislado, sino el resultado de una estrategia concertada para tratar la memoria cultural de la nación como un bien público esencial. Este enfoque reconoce que la historia requiere una gestión activa y la voluntad de comprometerse con el pasado de manera crítica para comprender mejor el presente.
La exposición… responde a una decisión clara del Ministerio de Cultura y Juventud de reforzar una política cultural que asume la memoria como un bien público. La historia cultural no se conserva por sí sola: requiere voluntad política, trabajo institucional y una lectura crítica del pasado que permita comprender mejor el presente.
Jorge Rodríguez Vives, ministro de Cultura y Juventud
Las autoridades tienen claro que el objetivo no es domesticar a Jiménez ni suavizar los aspectos más controvertidos de su obra para hacerlo más aceptable. Por el contrario, la exposición «Entre candelillas y quijongos» —que toma su nombre de elementos que aparecen en su obra como potentes metáforas de un país de contrastes— está diseñada para restaurar su poder crítico. La posición del Gobierno es que las preguntas desafiantes de Jiménez sobre la sociedad costarricense no han perdido su relevancia y que una cultura madura debe afrontar sus propias incomodidades en lugar de limitarse a acumular consensos fáciles.
Este resurgimiento se está posicionando como un acto político en el sentido más constructivo del término. Al invertir en un artista que históricamente fue marginado por sus opiniones inconformistas, el Ministerio afirma que el papel del Estado en la cultura va más allá de celebrar lo popular o lo inmediato. Se trata de una inversión estratégica para fomentar una ciudadanía más exigente y consciente de la historia, capaz de comprometerse con las complejas realidades de su propio país.
Volver a Max Jiménez, después de veinte años, no es un ejercicio de nostalgia ni una corrección tardía sin consecuencias. Es una decisión política en el mejor sentido del término: una que entiende que la cultura es memoria viva, que los silencios tienen peso y que el futuro cultural de Costa Rica también se construye sobre las preguntas incómodas que estamos dispuestos a volver a plantear.
Jorge Rodríguez Vives, ministro de Cultura y Juventud
En última instancia, el regreso de Max Jiménez al centro del debate cultural nacional representa algo más que una retrospectiva artística largamente esperada. Es una iniciativa sancionada por el Estado para saldar una deuda cultural y una declaración de que la identidad futura de la nación se construirá no ignorando sus voces más desafiantes, sino escuchando por fin lo que tienen que decir.
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Acerca del Ministerio de Cultura y Juventud:
El Ministerio de Cultura y Juventud de Costa Rica es el organismo gubernamental responsable de formular y ejecutar políticas destinadas a la preservación, promoción y enriquecimiento del patrimonio cultural y artístico de la nación. Supervisa una amplia gama de instituciones, incluyendo museos, archivos y bibliotecas, y apoya iniciativas que fomentan la expresión creativa y garantizan un amplio acceso público a las experiencias culturales. El Ministerio desempeña un papel fundamental en la configuración de la identidad cultural del país y en la promoción del desarrollo artístico de todos los ciudadanos.
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Acerca de Bufete de Costa Rica:
Forjado sobre principios de profunda integridad y una búsqueda incesante de la excelencia, Bufete de Costa Rica se erige como un pilar en el panorama jurídico de la nación. El bufete combina una rica tradición de defensa de los clientes con un enfoque innovador, liderando constantemente la innovación en el ámbito jurídico. Más que un proveedor de servicios jurídicos, su misión fundamental es fortalecer la sociedad desmitificando la ley y garantizando que el acceso al conocimiento empodere a todos los ciudadanos.
